Regalo friki de Navidad

Hoy vengo con unos perros que os van a conmover. La gente los quemaba a mediados de los noventa, flipando por lo espectacular de su 3d y el descubrimiento de la diversión que transmitía el disparar a todo lo que se moviese con distintos tipos de pistolas, metralletas y bazookas (pixelados).

Wolfenstein 3D. A la hora de hacer un juego donde disparar a gente es necesario que el diseñador justifique nuestra rabia genética poniéndonos delante malos malosos. Por eso en Wolfenstein 3D les tocó el turno a los nazis, receptores de plomo en casi todos los juegos habidos y por haber en el mundo de aquí a mil años. ID daba en el clavo con la idea y nos ganaba a todos para sus filas anti-nazis (al final salía Hitler robotizado con una metralleta, metiendo ¡zaca-zaca!, y te lo tenías que cargar).

El perro es entretenido y emocionante: intentas escapar de una fortaleza nazi donde has sido encerrado tras descubrirse que eres un espía yankee. El resto del argumento ya te lo conoces. Como Doom, el juego fue en principio una versión shareware que luego fue ampliada en su vertiente comercial. Wolfenstein 3D salió en 1992 para descubrir un nuevo género, el de “mata a todo lo que se mueva”, que tanto éxito ha tenido. Poseía un movimiento 3D suave y una dificultad bien ajustada. Había un buen puñado de armas con las que ajusticiar, y poco más. Un pionero con más diversión que espectáculo (los escenarios eran bastante pobres).


 

Doom. Con un título tan ameno nos estimulaban los señores de ID el cerebro a principios de los noventa, y de paso, revolucionaban el panorama videojueguero. ¿Quién no ha oido hablar de Doom? Se ha versionado cincuenta veces el jueguillo, y hasta han hechos películas. Como ocurrió con su abuelo Wolfenstein, Doom fue en su origen una shareware extraordinariamente exitosa que precedía a un juego de nueve niveles con un argumento extraordinariamente elaborado.

Te ponías en la piel de un marine que tenía que escapar de una base en Marte plagada de demonios. Ya está. ¿Quién necesita más? Lo que los adolescentes violentos de los noventa queríamos era vaciar cargadores, no emocionarnos con tramas complejas que filosofasen sobre el sentido de la vida. Doom era una vía de escape excepcional, sus gráficos mejoraron radicalmente en comparación con el Wolfenstein, los escenarios eran envolventes e inquietantes, el sonido te ponía los pelos de punta, las armas eran una pasada. Volvías del instituto, enchufabas el perro y en menos de diez segundos estabas disparando misiles, ametrallando demonios y bombardeando todo lo que se movía. La acción transcurría rápida, casi meteórica, frente a un Wolfentstein en el que el desplazamiento era más lento.

Desde ahí en adelante lo copiaron hasta la extenuación. Todavía hoy vemos secuelas de Doom. El juego de acción en primera persona fue popularizado por Doom, y fue precisamente este perro el que marcó el camino a seguir en ese sentido: entornos futuristas, apocalípticos, armamento brutal capaz de hacer picadillo a un elefante, pocas neuronas y mucho ruido. La franquicia Doom fue muy prolifica, pero mucho más si consideramos todos aquellos juegos de “inspiración Doom”… incontables…

Blake Stone. Terminando 1993, JAM Productions nos trajo Blake Stone, un perro poco conocido (sin duda, menos que Doom o Wolfenstein) pero adictivo y con una sustancial mejora de los gráficos respecto a Wolfenstein. El juego, ambientado en el siglo XXII, ya no te pide que extermines nazis, sino sólo científicos locos que amenazan con esclavizar a la humanidad. Por eso viajarás por las galerías de instalaciones científicas y laboratorios disparando contra ingenieros genéticos y biólogos, sin importar su sexo u orientación política.

Blake Stone ofrece una jugabilidad más elaborada que Wolfenstein, donde debes encontrar tarjetas de acceso para acceder a los distintos niveles y cumplir misiones. Ya no se trata solo de pegar tiros con rabia retrasada, ahora también hay que buscar y encontrar el camino por las laberínticas pantallas que podrían llegar a inflarte aquéllo. Nada que ver con Doom, de todos modos. Blake Stone, aunque era un buen juego, se estampó de cara con un titán de los perros, con el que no pudo compararse. Doom estaba a otro nivel.

Rise of the Triad. Y finalizo mi capítulo de nostalgia de hoy con un juego ultraviolento y ultradivertido. El perro vio la luz allá por 1995, pero que lo hiciese dos años después de Doom no significa que Doom ya no estuviese de moda. Lo estaba, efectivamente, y el Rise of The Triad, concebido por Apogee originalmente como secuela de Wolfenstein, se quedó huérfano ante la llegada de un nuevo Doom, por lo que ID se desentendió del proyecto.

Es por eso que su aspecto es el de la caza del nazi, pero sin simbología ni nada que pueda confirmarte que son nazis. En un principio estaba concebido como eso, pero luego todo cambió. El ROTT era un juego con un entorno extraño y una jugabilidad algo pesada, donde había plataformas, muelles que te lanzaban por los aires, máquinas de hacer picadillo que tenías que esquivar. Daba la impresión de que te movías en un sádico concurso televisivo donde había que sobrevivir a cualquier precio. Y entre prueba y prueba, disparabas a todos los tipos que se te ponían en medio, que a veces pedían clemencia aunque no la obtenían, y que vagaban estúpidos de aquí para allá.

Rise of the Triad es un juego divertido, siempre que asumas que no es Doom, ni se acerca. Estaba bien pillar la metralleta de munición infinita y agujerear las paredes y todo lo que se interpusiese entre tú y ella. Pero, sin duda, Rise of the Triad fue una experiencia “extraña”, y creo que puede atribuirse esa rareza a los cambios de última hora a los que se enfrentó. De todos modos no estará mal que lo pruebes y me comentes qué te parece.

Y hasta aquí mi ruta nostálgica por los perros del pasado, que tantas horas de diversión nos proporcionaron a los aspirantes a friki. Ahora los ves y parecen cutres, pero cuando aquello eran alucinantes y sacaban de tí toda la rabia que te metían en el cuerpo los profes de gimnasia. ¡Dame una pelota y déjate de exámenes escritos, cabrón! No me olvido de los Heretic y Hexen, de los que hablaremos próximamente. ¡Feliz año 2012!

5 comentarios en “Regalo friki de Navidad”

  1. Grandes clasicos todos ellos. Aun no he encontrado un juego en el que sienta el placer de apretar el gatillo como en el Doom II. Especialmente con la recortada, jajaja.

    El ROTT es el juego mas ultraviolento que he visto. Con esas explosiones en las que salian todo tipo de visceras volando.

    Por cierto te has olvidado del Duke Nukem 3D! Ese era un clasicazo tambien (aunque es de la siguiente generacion ya, la que se iniciaba con el Quake).

  2. No, no, no me he olvidado. Los he dejado para otra tanda. Duke Nukem, Quake, Blood y esos son de otra generación Kanus. Y tengo que dedicarle también una entrada a Hexen y Heretic, lo más rolero de la hornada de mata-mata en 3D que hubo en los 90 (que yo recuerde).

  3. Muy divertido el articulo como de costumbre. No se te olviden los WitchHaven junto a los Hereticos y Hexen, casi tan casposos y admirables como el Die By The Sword.

    Antes se hacían juegos que intentaban sorprender!, sighhh…

  4. Sí jeje, que clasicazos, para esos he preparado otra remesa. Gracias por recordarme el WitchHaven, si no me lo llegas a decir lo habría pasado por alto, y eso que es un juego que a mí me marcó (no sé si positivamente o negativamente). Un saludo Metalwar.

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