Últimas frases, Ziro Drako.

El bueno de Ziro creyó que podría burlar mi subnormalidad asesina y ciega. La experiencia demostró que no.

Todos los que me conocéis sabéis que soy un máster magnánimo y hasta bonachón. Normalmente, hago esfuerzos sobrehumanos por evitar que mis PJs mueran brutal y salvajemente, pero no siempre está al alcance de mi mano interceder, cual divino mediador, en la salvación de mis amados jugadores. Lo que ocurrió con el buen Ziro Drako en Fiesta de Goblyns 2012 fue que tensó la cuerda. Yo no quería matarle, pero él me lo suplicó crípticamente, con sus actos de prepotencia y temeridad. En la dimensión de los mensajes velados, chillaba, suplicaba: Mátame cabronazo, quiero morir, quiero ver a Dios.

Antes de que el grupo llegase al Cañón de Radaga ya empezó a rogar por una cuchilla que le segase. Se quiso pirar él solito, abandonando al grupo (que estaba encantado con que un flipao se metiese solo en la boca del lobo) al Cañón de Radaga. Cinco minutos después tenía a diez esqueletos y zombis rodeándole, pero por más que flexioné hijoputescamente las reglas para liquidarle, no pude hacerlo, pues hubiese sido sacrificar demasiado de mi buen nombre de Máster. Así que se escapó. Pero a la siguiente sesión volvió al ajo. Y no hubo segunda oportunidad. Cruzando ya el cañón con el grupo, se quiso explorar él solito el zigurat de Radaga, y yo dije Bien, bien, me parece estupendo, mientras me goteaba el colmillo.

Todos los que hayáis jugado FdG sabeis que ese zigurat está protegido por hileras de esqueletos armados con lanzas que no dudan en atacar a los intrusos que dan por saco. Ziro Drako confiaba demasiado en sus artes sigilosas, pero como la tirada la hago yo, no sabía que los esqueletos le habían avistado y estaban esperando a que se pusiera a tiro para fundirle. Así que cuando el simpático elfo entró en el rango, siete esqueletos de la primera hilera hicieron blanco. Yo sólo quería darle un inocente susto, pero le metí, no una lanzada, sino cinco, y una de ellas crítico ¡daño por tres! Tiré el daño y cuando le dije lo que había me dijo que lo dejase, que estaba frito. Atravesado por cinco lanzas lo dejé bien palmera en medio del cañón, y todos los demás se acojonaron, y su pobre hermano, el explorador elfesco Rao Drako, lloró amargamente la pérdida. Su última frase fue matemáticamente graciosa:

“Si son lanzas cortas es sólo 1d6”

Aunque mis carcajadas enloquecidas parecían ocultarlo, yo también lloré interiormente por el elfo Ziro Drako, no creáis. Con su sacrificio lancero logré insuflar un poco de terror al personal, que empezaba a relajarse (alguno me dijo que en esta Fiesta de Goblyns estaba habiendo pocos muertos). ¿No queríais ostias? Ahí tenéis un fiambre, cabronazos.

Epitafio: Ziro Drako. Hermano devoto de Rao Drako, buen elfo, mejor persona. En vez de poner la pica en Flandes se la pusieron en el culo. Descanse en paz.

2 comentarios en “Últimas frases, Ziro Drako.”

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