Fiesta de Goblyns (IV)

La caverna de la sacerdotisa Radaga fue una experiencia excitante y tronchante al mismo tiempo. Por un lado, la desconfianza y el recelo hacia mí eran máximos (nada nuevo, de todas maneras). Por otro, los riesgos, ajustada la dificultad al nivel Nightmare! por mí, grandísimos. Hubo mucho cachondeo, mucha testosterona, y mucha vergüenza ajena, como pronto comprobaréis.

El primer bache fueron las simpáticas brumas que hay por toda la caverna y que tienen la mala (o buena costumbre, según con qué óptica lo mires) de robar los objetos mágicos a los PJs. La tensión con estas brumas era máxima, como os podéis imaginar, pues era de las pocas cosas que mis compis recordaban de FdG 2007. Hago un receso para recordar que en estas brumas se perdió un objeto mítico de mi primera campaña en AD&D en Dragonlance, allá a finales de los 90 o principios de los dosmiles: la Espada Ancha +1 que Sir Bowen recibió como recompensa por superar la prueba de la caballería con su caballero de Solamnia. Era mítica porque la picada de Sir Bowen cuando le di la espada fue antológica, ya que pensaba que le iba a dar un espadón, y tan indignado acabó que la regaló, sí, a Clive, el clérigo de Kiri Jolith. Cruzando las juguetonas brumas, después de muchos años de espada ancha +1, una mano neblinosa reclamó la espada para siempre de su segundo dueño, Clive.

Cuando Strike intuye el peligro, empieza a incordiar y dar voces chillonas y molestas.

Pero volvamos a lo nuestro. Ese día tuve el placer de robar cosas: un espadón +1 a Rufus “Chupapiedras”, por ejemplo, que lo asumió con resignación. Pero eso no fue lo mejor. NegasKar, el nigromante cabroncete y miserable, estaba tan acojonado que le pidió a la paladina, Larisa, que le llevase a hombros. Imaginaos la escena: una paladina toda buenorra, portada de Playfriki total, cargando a hombros con un viejo de 60 años con túnica, todo desdentado, pistojo, nariz ganchuda y miembros correosos. Con su familiar asomándole por la manga de la túnica (un gremlin llamado Strike) que chillaba alocado: “¡NegasKar que nos caemos!”, mientras NegasKar iba produciendo en malhumorada disposición ruidos guturales y malsonantes. El caso es que le dije: “Bah, no hay mucho peligro, tirad 1d20 y si sale 1 o 2 os caéis, por burros”. Tiraron el dado y salió 2, NegasKar fue el suelo de cara y las manos le llevaron sus brazaletes de defensa +1.

Ese fue un momento muy lamentable, pero hubo otros. El sumidero de arena, por ejemplo, donde casi me cargo al grupo entero. Entró Rao Drako a mirar por el agujero (aunque sabía perfectamente que era una trampa) y empezó a hundirse en la arena que se deslizaba (fallo de Reflejos). Entonces Larisa, la paladina le atrapó para que no se lo tragase, pero también falló la tirada de Fuerza para sacarlo, y le empezó a tragar el invento. Asi que Oxen, el clérigo, agarró fuertemente a Larisa, y a Oxen, Bran Tiramanguales “Chupagemas”, y a Bran su primo Rufus, y uno a uno TODOS fallaron sus respectivas tiradas, a pesar de no ser demasiado difíciles. Así que al final me encontré con una de dos: o me cargo a todo el grupo o soy generoso. Así que permití una cosa que en otras circunstancias no hubiese permitido, y fue que NegasKar lanzase un conjuro de Telaraña que los atrapara y que por las telas pudiesen trepar. Se salvaron todos. Para que luego digan que soy un cabrón.

Desde hace algún tiempo mis PJs se han acostumbrado a la compañía de esqueletos, y ya los ven como parte de la familia.

Después vino el primer fiambre de la tarde. Encontraron la sala con el foso de huesos, al final había una mesa volcada y todos estaban ansiosos por saber qué había caído por el suelo. Así que mandaron al explorador Rao Drako, que llevaba viviendo felizmente desde la primera aventura. Rao Drako cruzó exactamente por el medio de la habitación sin oler el peligro, y claro, empezó a hundirse en los huesos “y cientos de veloces gusanos empiezan a recorrer tu cuerpo”.  Después de unas tiradillas y mucha mala suerte, al siguiente round (seis segundos después), sólo quedaba de Rao un esqueletillo elfuno. Rao se había reunido con su hermano Ziro en el infierno de los elfos. Poco después, cruzando el puente sobre la bruma que separaba del esqueleto gigante de Radaga, la paladina Larisa se resbaló y se perdió entre las brumas, chof, haciendo chombillo. Dios la tenga en su gloria, cuarto fiambre en FdG2012.

Luego llegó el gigantesco esqueleto y el enfrentamiento con Radaga. Fue la parte más heroica de la aventura. Justo cuando iban a cruzar el puente, llegó a la caverna un pícaro halfling que buscaba tesoros y aventuras, llamado Xaindor, que tuvo el dudoso honor de ser el personaje que menos duró hasta la fecha (uno hora o así). Todos juntos y felices entraron en el esqueleto gigante de Radaga y se enfrentaron a la sacerdotisa. Radaga era una viejecita de voz irritante que combatía desde el interior de un enorme esqueleto gigante que pegaba mazazos como cañonazos. El combate tuvo dos fases: la primera, en la que ellos recibían palos y sufrían como cabrones (porque los lanzadores de conjuros, excepción de Oxen, estaban desasosegados y no podían conjurar). Las pasaron “putas” como suele decirse. El punto de inflexión fue cuando el esqueleto gigante de Radaga tumbó a Branax Tiramanguales, el guerrero de puntería negada (-9 puntos de golpe). Entonces Xaindor le dio su pócima de 1d8+3 y al levantarse, todo cambió. Con 1 punto de golpe, con su primo frito Rufus mano a mano, remontaron la carrera y apalearon bien a Radaga, hasta que al final Rufus consumó la nobilísima y gloriosa gesta de explotarle de un mazazo la cabeza a una viejecita centanaria, que no era otra que la sacerdotisa Radaga. “Te sentirás orgulloso de estamparle la cabeza a una abuelita indefensa”, le dije. Me respondió que por supuesto.

Así quedó la cara de Radaga después de la operación estética que le hizo Rufus Chupapiedras.

Entonces todo empezó a derrumbarse, y el peligro ascendió hasta cotas altísimas. El más veloz en la retirada fue sin duda Xaindor, que salió pitando encabezando la huida. Tanto entusiasmo puso en huir, que ¡zas! resbaló en el puente que separa el esqueleto gigante de la caverna, y ¡chof!, hizo chombillo. Llevaba una hora jugando y ya había visto a dios. Quinto fiambre de FdG2012. Pero por detrás venían todos los demás: la caverna se derrumbaba, el esqueleto de Radaga también, llovían pedruscos, huesos afilados, temblaba el suelo. Cruzar el puente era toda una proeza en esas condiciones, y más viendo lo reventados que estaban todos. Fueron cruzando uno a uno, con mayores o menores dificultades (en realidad la tirada era facilita, pero claro, si el dado se tuerce y saca un 1, o un 2, o un 3, pues lo saca, y todos sabéis que a veces lo hace). John Dou, por ejemplo, pasó todo temerario y no tuvo problema, aunque se la jugó bastante. NegasKar se quedó el último y se veía ya palmera. Su tirada era especialmente complicada porque cruzando el puente le cayó una pedrada en la cabeza, y le hice volver a tirar con mayor dificultad. ¡Tenía que sacar 12 o así! Imaginaos una tirada de vida o muerte en la que tienes que sacar 12 o más, es una burrada. Pero me sacó un 14, y es que NegasKar merece seguir vivo porque da mucho juego.

La sesión terminó con todo el grupo saliendo de la caverna de Radaga derrumbándose, completamente destrozados todos, sin vida, acabados psicológicamente, con dos miembros menos, y cagándose en mi calavera. Eso sí, estaban  muy excitados por la experiencia, y los que habían sobrevivido estaban superorgullosísimos de sus PJs. No era para menos. El nivel de hijoputismo del master había alcanzado, en este sesión, niveles altísimos.

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