Regalo friki de Navidad (IV)

Llevaba tiempo pensando en mi absurda pseudotradición del regalo friki navideño con cierto placer, pues me propongo hablar de dos joyitas que me dieron muchas horas de felicidad y contribuyeron a que se tambalease mi cordura cual investigador del ‘Call of Cthulhu’. El género de estos perros se conoce como Survival Horror, y la verdad es que es bastante acertado el nombre.

UndyingcoverClive Barker’s Undying (2001). Recuerdo que jugué esta maravilla a principios de los dosmiles, y me aportó felicidad e insomnio a partes iguales. Es un videojuego de terror del que escuché hablar por primera vez en un programa de radio en el que analizaban videojuegos, y venían a decir que la mayor parte de los jugadores no aguantaban mucho delante del ordenador del canguelo. Celebraban principalmente a uno de los hermanos Covenant que, desollado, se aparecía por la casa que tenías que recorrer en el juego armado de cadenas con garfios, con la no muy edificante intención de desollarte a ti también.

Hablar de los argumentos de estos juegos me resulta fastidioso y hasta irritante, porque por lo general son chorradas que justifican coger una escopeta de dos cañones y vaciar plomo sobre todo lo que se mueve. En este caso no es muy distinto: una mansión encantada, una familia maldita y el sacrificio de un guerrero celta en el año ‘catapum’ que provoca toda la movida. Jeremiah, el mayor de los Covenant, te pide que investigues lo que ocurre en la mansión… eso es abusar de la amistad y lo demás chorradas.

clivebarkersundyingbanner
Una banda de psicópatas no muertos es lo mejor para reunirse en Navidad al calor familiar.

Undying es un 3d shooter muy interesante, con escenarios tétricos e inquietantes, sonido estremecedor en la línea del ambiente terrorífico y acción a raudales. Te obliga a parar de vez en cuando para descansar el sistema nervioso. Los malos, que son los hermanos de Jeremiah previo paso por el ataúd y regreso del más allá con cierto tuneo de ultratumba, son bosses muy currados y que dan miedo, y que no se dejan matar fácilmente, acompañándote con sustos y emboscadas a lo largo de los niveles. Algunos detalles del juego también ponen los pelos de punta: los espejos y las cositas que se ven a tus espaldas, las voces fantasmales, los escritos y notas que aparecen para darle ambiente al perro, detalles macabros aquí y allá… todo muy navideño. Recuerdo que me daba miedo jugarlo. Así que el mes de vacaciones, que me quedé solo en casa, cogí y dije: ‘hasta aquí hemos llegado’. Bajé la persiana de la habitación a tope, me puse los cascos para no perder detalle, y a por él. Al principio costaba, luego me acostumbré y lo disfruté como un enano. Cuando me quitaba los cascos y salía de la habitación me sentía como Neil Armstrong volviendo a la Tierra después de una vacaciones en la Luna.

El diseñador del perro fue Clive Barker, un novelista británico famoso por su prioridad en ambientaciones tétricas. Seguramente, muchos conoceréis las películas de la saga Hellraiser o Razas de Noche, basadas en sus novelas, filmes no recomendables para el jardín de infancia ni para residencias de la tercera edad. El juego sigue un poco la misma línea y, para los medios de la época, que harían reír a muchos niñatos de hoy en día, daba bastante miedo. Lo desarrolló Electronic Arts usando el motor del Unreal, y la verdad es que el resultado es óptimo, aunque la recepción del perro en el mercado videojueguil fue más bien pobre.

Eso no quita que Undying sea un buen perro, que recomiendo a todos aquellos a los que les guste mortificarse con el sentimiento de miedo e inquietud que a mí me produjo.

callofcthuluhudcote_pcboxCall of Cthulhu. Dark corners of the Earth (2006). Pero el perro más terrorífico que he jugado hasta la fecha es sin duda el Dark Corners of the Earth, juego que no terminé, si bien es cierto que no por saturarme de sustos, sino porque se me petó la partida grabada y tenía que empezar otra vez del principio. El Call of Cthulhu es un juego con una ambientación muy currada en los años 20, al estilo lovecraftiano, en el que investigas una oscura secta en el entorno de un pueblo de pescadores, Innsmouth. A cualquiera que haya leído algo de Lovecraft le sonará el argumento.

La introducción, con la entrada en la mansión de la secta, el descubrimiento de un extraño portal y la entrada de la raza de Yith, con el consiguiente colapso mental del prota, anuncia un perro prometedor. Y lo es. Este lo jugué también a persiana bajada, para incidir aún más en mi inestabilidad mental, y surtía efecto. De hecho, el juego tiene un medidor de salud mental que aumenta viendo imágenes perturbadoras y monstruos y que, cuando se peta, el prota se vuelva la cabeza con la pistola. Tiene escenarios épicos: el pueblo de Innsmouth, la refinería de Marsh, el cuartel general de la orden de Dagón, el ataque de la marina estadounidense a Innsmouth… La jugabilidad está bien, aunque a veces el perro es demasiado agónico: al principio no tienes armas y huyes como una comedreja de todos lados; después tienes una pistola… y seis balas… luego la cosa va mejorando, pero tampoco mucho. La munición está siempre contada. Tiene momentos inolvidables, como cuando te chapan a un shoggoth así, como el que te chapa un perro.

Shoggoth
Shoggoth: dícese de un animalillo inventado por Lovecraft consistente en una enorme masa gelatinosa llena de ojos palpitantes y bocas con dientes como cuchillos.

El juego fue diseñado por Headfirst Productions y distribuído por Bethesda, si, la de los Elder Scrolls. Salió al mercado en 2006. El juego fue clasificado para mayores de 18, en pocos lugares para mayores de 16, por su contenido Disney. Hasta tal punto era duro que mi hermano, Hamanu de Urik, con un estómago a prueba de decimatios romanas y hécatombaia griegas, dejó de jugarlo con la excusa de que le aburría: mentira, le consumía los nervios.

La verdad es que el juego tenía partes que inflaban pelotas. Pero en conjunto, ha sido la mejor traslación del mundo lovecraftiano al universo de los videojuegos, y el resultado es un perro que te encantará si te mola pasar miedo, y que dejarás a la primera si eres de los que prefieren jugar a coleccionar conchas con la Sirenita.

 

SHOGGOTH!!

Espero que os hayan gustado estas reseñas de enfermo mental de mis juegos favoritos de 3D shooter que me enamoraron cuando yo era un grunge sinvergüenza. Supongo que el año que viene empezaré con juegos de estrategia, desde principios de los noventa hasta ahora, más que nada aquellos que yo conocí y jugué, más que nada para dar una visión por completo subjetiva. Empezaré con el Warcraft II, una de mis obsesiones de adolescente suicida.

 

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