Memorias heavis: introducción

Voy a inaugurar un nuevo hilo en este frikiblog sobre mis memorias heavis, unido también a la nostalgia de una era pasada donde todo era mejor: éramos jóvenes, no teníamos responsabilidades, íbamos al instituto, en España había libertad para abrir la boca sin miedo a ofender alguna sensibilidad peregrina, y cosas así.

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Dulces recuerdos de tiempos mejores.

Durante mi temprana adolescencia yo fui un grunge insoportable y soñaba con suicidarme. Me sabía todas las canciones de Nirvana de memoria, y escupía sobre los que escuchaban música discotequetera, pop facilón, y basurillas del estilo… todavía lo hago. Estaríamos hablando de los años 1995-97, creo, porque Kurt ya se había pegado el tiro, que es como yo le conocí.

Cuando aquello escuchaba mucha radio, los 40 principales no eran del todo vomitona, había programas de rock geniales, mis predilectos ya los he mencionado en otras entradas, pero los repito: Bértigo y Rock Star. Al gran Bértigo todavía lo buscamos por los bytes de la red; Rock Star debe tener alguna versión online por ahí, después de que lo desterraran de los 40 cuando optaron por pasarse a Gomorra… no sé si seguirá Mariano Muniesa, gran locutor.

Durante mi primer año de instituto yo seguía siendo un grunge indomable, escuchaba también Pearl Jam y Soundgarden, pero sobre todo Nirvana, y sus discos póstumos, esos que sacaban de cuando tocaban en un garaje y sonaban como un gato atropellado: pero a los fundamentalistas nos encantaban. Sin embargo, nuevos sones empezaban a ensordecer mis oídos y, aunque al principio opuse una resistencia obstinada a todo aquello que no fuese de la raza pura grunge, los angelicales acordes metálicos empezaban a reblandecer mis sesos.

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Con esta carátula un disco no puede ser malo.

A mi hermano no sé qué maleante le pasó un disco de Blind Guardian, Imaginations from the other side, grabado en casette claro, y empezaba a sonar por mi casa. Él en su habitación, yo en la mía, batallábamos por demostrar quién hacía más ruido, si Kurt o los Guardian, en detrimento del buen descanso de mis vecinos. Pero yo tenía tan oído a Kurt y sabía que no iba a sacar más discos, si no eran maquetas y grabaciones obscenas del finado cuando tocaba borracho o drogado en algún tugurio, que poco a poco fui cediendo. Hasta que, cual San Pablo moderno camino de Damasco, me caí del caballo y vi la luz. Descubrí que me encantaba Blind Guardian, que era brutal. Imaginations… todas las canciones son buenas, ¿o no? No hay una mala, es un disco que se puede escuchar una y mil veces con el mismo gusto o más. Y mejora con el tiempo, ponéoslo ahora, no ha perdido nada.

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A todos nos ha pasado alguna vez que nos hemos caído del caballo… es normal y muy saludable.

Y de esa manera pronto era ya un converso. Y, como buen converso, era el más integrista. Eso no significa que dejase de gustarme el grunge, pero la batería abusiva de Another holy war me había abducido. Claro que mi amor heavy estaba latente en mi subconsciente. Mi padre compraba discos de Deep Purple y Led Zeppelin, y encima le gustaba también Blind Guardian. Estaba rodeado.

Así que caí. Alabado sea el heavy.

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