Bértigo es con B (IV): filosofando un poco

Hacía tiempo que no escribía unas líneas sobre nuestro locutor favorito, que nos amenizó las noches allá cuando los mares sumergieron el Atlantis. Y eso que el año pasado por fin pudimos escuchar algo de Bértigo gracias al esfuerzo de la web Fonoteca 40 Principales. La impresión, 25 años después, es bestial, genial, no tiene comparación. Bertigo es una joya de las ondas que es necesario redescubrir, y ojalá más programas vayan viendo la luz en los próximos meses o años. Nunca se hará nada igual, ya os lo adelanto.

Imagínense una situación ficticia. Una máquina del tiempo que traslada a la peña de AHORA a principios de los 90. Metemos en la máquina a una chaval de 13-16 años y le damos a palanca. Le espera un mundo nuevo y sorprendente, no necesariamente amenazante, excepto para algunos meapilas de la extrema cagada o de la extrema mierda. No hay móviles, primer susto; la peña queda en la calle, hacen deporte, hablan con los amigos o se juntan en salas de juegos donde jugar a la máquina es solo un medio para conectar con otras personas y charlar. Nos gustan las máquinas sí, pero todavía no son nuestras madres. ¡No existe internet! Horror. Hubo una época del mundo en la que no hubo internet, ¡y la gente sobrevivía! Aproximadamente, desde que existe el Homo sapiens, unos 200.000 años sin internet; desde que existe el género Homo sobre el planeta, unos 3 millones de años. Qué faena. Pero el chaval comprueba que la gente no se vuelve loca, es feliz, tiene amigos, y vive en la calle. Peña de 18 que no ha visto porno en la vida ¡alucinante! Pero el chaval comprueba que se puede vivir, que no pasa nada. Que las tías visten normal, que no existe el reaggeton y que hay buena música. En la tele emiten animes donde salen tías en tetas, o con cierto mensaje sexual, que a los adolescentes les encantan. Lo que es más sorprendente, en España se puede hablar con libertad, y no hay mil inquisiciones subvencionadas dispuestas a silenciarte. No hay 100.000 enfermos mentales en Twitter, Facebook o Instagram a la caza del discrepante, para hacerle callar, como policía del pensamiento que además tiene la vileza de hacerlo por principios (o finales, diría más bien) sin cobrar.

Cuando llega la noche se escuchan grillos en el parque, todavía no los han matado. Y, lo mejor, enchufa la radio y empieza a sonar Bértigo ¿qué cojones de mundo maravilloso es este? se pregunta. Un locutor chalado haciendo de la transgresión su mensaje principal, cagándose en tus muertos y en los del presidente del gobierno. No piden que lo silencien en La Sexta, aunque esa raza demoníaca de los enemigos de la libertad ya empieza a asomar, pero todavía son pocos. De hecho al final se lo cargarán, quizás porque era muy fuerte incluso en su época. Al menos pudo ver la luz. El chaval queda flipado, y se pregunta qué coño ha pasado en tan poco tiempo -20 años, pero venía de antes- para que la sociedad, el país, se haya vuelto tan monjil y reaccionario. Supongo, querido amigo, que la gente lo ha querido así. En su época ya vomitaban bilis con que en Ranma 1/2 se viesen tetas, o un culo. A nadie le preocupaba la violencia extrema, que es un común denominador todavía hoy en día, pero hay cosas que no se perdonan. Hablar en libertad, por ejemplo. A muchos les jode, chaval, acostúmbrate. Para ser libre siempre ha hecho falta ser valiente, y si no estás dispuesto a luchar por tu libertad, te la quitarán. Eso lo hemos elegido entre todos, con nuestro voto, con nuestra conformidad, con nuestra cómoda aprobación. Y cada vez nos pisan más, nos someten más, nos censuran más.

Y no les dicen a los adolescentes la verdad. La verdad es que necesitamos la transgresión, romper con lo establecido. Y no me refiero a delinquir, no hace falta delinquir para ser transgresor. Me refiero a repensar este mundo que hoy en día está podrido. Repensar la política, el arte, la cultura, la música, el amor, el sexo. Salirse del carril de lo socialmente aceptado, de lo corriente. Reinventarnos, esa es la misión de los jóvenes: no integrarse sin rechistar en el mundo que los mayores hicieron, lleno de contradicciones y errores, si no intentar mejorarlo y dejar caduco lo viejo y errado.

Ese era para mí el mensaje de Bértigo, al menos a esa conclusión he llegado muchos años después. No podemos permitir que el mundo se renueve para peor. La cosa está mucho más fea ahora que antes, pues los 90, cuando sonaba Bértigo, era un paraíso comparado con ahora. Después de acostumbrarse a aquello, a no estar atado a un móvil (pues de nada sirve cuando nadie tiene móvil), un mes después, el tío prefiere quedarse allí y vivir en un mundo mucho más humano y sencillo, mucho más libre.

No os deprimáis, amigos. Vivid en libertad, transmitid libertad a los demás. No juzguéis gratuitamente. Transmitid conocimientos, promoved el aprendizaje. Motivad la lectura, el dibujo, la música, las bellas artes. No dejéis que os manipulen. La libertad no es un regalo caído del cielo, es una lucha que exige enfrentarse a gente que nos la querrá quitar. Los griegos lucharon contra los persas en una gran inferioridad numérica, pero ganaron. Siempre hay una victoria esperando al que lucha por la libertad.

Aquellos que quieran escuchar a Bértigo, dos cosas. Me descargué los programas en archivo de audio y los puedo compartir: con que me pongáis en comentarios un correo electrónico entiendo que los queréis y os lo enchufo. De todas maneras, podéis buscarlos en el sitio original, Fonoteca 40 Principales, supongo que todavía estarán a menos que la inquisición los haya interceptado.

Y sin más me despido esperando que pronto aparezcan nuevos programas de Bértigo con los que recordar mejores tiempos.

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